Reflexiones

Perderse ocurre

a veces incluso es necesario.

Pero lo mejor, sin lugar a dudas,

es ENCONTRARSE.

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Reflexiones

Ser (aparentar ser) perfecta es la norma

Cómo nos gusta juntarnos a las mujeres a hablar, a descargarnos y a compartir. Pero esos encuentros a veces se convierten en una especie de Guerra Fría en la que hay que demostrar quién es la más sacrificada de todas.

“Yo hoy me he limpiado la casa entera, he preparado la comida de la semana: desayuno comida merienda y cena (así, sin comas) y he limpiado el polvo de las hojas de los libros mientras mi esposo dormía la siesta con los peques. Después del trabajo. Sin despeinarme. Estoy, uff, súper cansada.”  –te planta una.

Y yo que me quedo con cara de susto, sin saber muy bien si admirar a esa máquina de produccion, tenerle pena o lo más horrible de todo: sentirme yo culpable por hacer la mitad de la mitad.  Y lo que debería ser un encuentro de descarga, de no llego, de abrazarnos en el agotamiento de ser madres y esposas, con todo lo que eso implica, se convierte en un machaque y en una duda agotadora. ¿Por qué yo no llego a tanto?

Después de abrir esta cabezota mía y de mucho, mucho, pero que mucho automachaque dejo en el aire esta pregunta.

¿Por qué tengo que llegar, y a dónde?

Me pregunto si hay un límite en esto de ponerse cargas y de dejarse la salud y la alegría. Que oye, a la que le guste, pues genial. Pero a la que le medio guste (o no le guste nada) y encima haya dormido mal… El día se le hace eterno, agotador, pesado y un asco en definitiva. Llegar a todo, sobrecargarse, ser la “super woman” es una falsa realidad. El cuerpo aguanta lo que aguanta y la mente más de lo mismo. Los humanos necesitamos propósito, horas de sueño y una buena alimentación y si somos madres dadoras de vida pues lo mismo pero duplicado porque el cuerpo ha pasado por un proceso tan, pero TAN brutal, que volver a ser la que eras es imposible tanto física como mentalmente.

La cosa está en que si rascas un poco te das cuenta de que todas estamos igual, medio rotas y cansadas. Intentando salir a flote como nos deja la vida y sintiéndonos sobrepasadas en determinados momentos. Poniendo una sonrisa cuando se puede y llorando cuando no nos ven…

Y qué bonito sería si de vez en cuando, al juntarnos y en las redes sociales, en las fotos que mandamos y en las contestaciones al “Hola, qué tal estás?” También nos diésemos el lujo de decir que rotas, cansadas, doloridas, tristes, con una necesidad infinita de vacaciones de la vida y también de los hijos (porque la independencia no es abandono). Y abrazarnos un poco, o mucho, dependiendo de la necesidad del momento y saber que luchamos la misma batalla y no entre nosotras.

Reflexiones

La valentía de admitirse derrotado

Parece que esto de vivir fuese una carrera en la que vamos compitiendo unos contra otros y mostrar emociones como tristeza, agotamiento o desesperanza (entre otras) es algo a censurar.

Me pasa mucho que con gente de mi entorno, a la que quiero y de la que me sé querida, cuando les cuento mi situación o ellos cuentan sus propios problemas siempre la conversación esta teñida de un aura invisible de hacerse el fuerte y si lo intentas desviar hacia algo un poco más dramático (rozando el umbral de convertirse en una quejica) te acabas topando con un muro de frases del estilo “no es para tanto”, “todo pasa”, “todos hemos pasado por eso”, “es lo que hay”, “de nada sirve quejarse” y un largo etcétera. Tengo claro que todas esas frases son ciertas. Porque ninguna desgracia es eterna, ni tampoco ninguna situación, y todos hemos vivido o la soledad, la escasez económica, la maternidad/paternidad, que 24 horas no sean suficientes para todo lo que hay que hacer…

Pero todo eso no quita que mi situación de ahora no sea menos intensa para mi, ni intensa en general. No hay nada de malo en decir “se que todo esto pasará, pero hoy estoy agotada / la vida no me da / me siento perdida” o lo que sea. No hay nada de malo en sonar desesperados cuando lo estamos y que nos respondamos y nos entendamos, que estamos ahí para el otro. Que la vida a veces es una mochila muy pesada y la carga te llena de contracturas que hay que deshacer llorando.

Si tu te das permiso a ti mismo para quejarte entonces yo te intentaré consolar como buenamente pueda y también yo podré, en un futuro, sentir que quejarse es humano. Lo inhumano es poder con todo, es tirar pa’ lante pase lo que pase y vivir con la queja y el dolor reprimidos.

Por eso cuando alguien me dice cosas como “se que lo que estás pasando es muy duro” es como si parte de esa mochila se sostuviese por sí sola. Son esas palabras un bálsamo que cura heridas y corazones.

Y tengo la suerte de poder escucharlo de la boca de quienes me quieren. Porque, aunque dentro de unos meses todo va a estar bien, hoy está siendo muy duro y tus palabras me curan el alma. 💚

Opinión·Reflexiones

“Pesados como juicios”

Siempre me llamó la atención esta frase de Benedetti “no dejes caer los párpados pesados como juicios”. Y yo me imaginaba siempre una losa descomunal aplastando a alguien en un aburrido y lento parpadeo.

Cada vez que nos atrincheramos detrás del estrado, mazo en mano, dispuestos a soltar un comentario cargado de falsa sabiduría y poco conocimiento, es como si lanzásemos una losa gigante contra nuestras propias cabezas. Y ya ni te cuento lo que le cae al que está siendo juzgado.

Estas últimas semanas me ha estado abrumando la cantidad de pedruscos que me han venido de vuelta de sentencias lanzadas hace años sobre pobres des-y-conocidos.

Todos hemos repetido con tono de autosuficiencia la frase de “pero que crío más malcriado” en un súper, la sala de espera del médico, un parque, restaurantes… Todos hemos ido en un avión girándonos cada tanto con cara de desaprobación ante aquel llanto que no paraba y pensando (o comentando) “¿Es que los padres no piensan hacer nada?” Y más y más y muchas más, y de repente eres padre, o madre y tienes que ir al súper, o al médico, o meterte en un avión unas cuantas horas con un niño de dos años, o de 7 meses. Y te das cuenta de que estás jodido.

Te das cuenta que ese niño del restaurante no era un malcriado, si no que le faltaba su siesta de todos los días que hoy se estaba retrasando (porque te ha pasado) y los niños cuando están agotados tienden a estar insoportables, difíciles, retadores. Berrinche tras berrinche, vamos. Y entiendes (porque te ha pasado) que si te toca salir a comprar el día que tu nene está malito, o triste porque lleva 3 días sin ver a su papá, que trabaja de sol a sol, y aún la criatura no sabe manejar sus emociones, de modo que es más fácil llamar la atención y expresarse corriendo por medio supermercado.

No siempre es falta de disciplina, no siempre es un progenitor que malcría, no tienen por que ser unos padres a los que no les importan el resto de pasajeros del vuelo. Si no un bebé agotado que aún no sabe dormirse sin ser mecido, y mecer a un bebé en un asiento de avión mientras despega es bastante chungo. Pero ésto sólo lo sabes porque te ha pasado.

Y cuando pasa el golpe es doble, por la realidad en la que estás metido sin posibilidad de escape, (pues uno no puede saltar de un avión, la compra se hace para comer y vivir, y al médico hay que aguantarlo para no retorcerse de dolor) y porque te das cuenta de la ligereza de tus palabras y/o pensamientos, que escapan como si estuviésemos empapados de la sabiduría del mundo y comprendieramos la situación de cada ser humano, sus miedos, dolores y circunstancias.

No dejemos caer nuestros juicios tan fácilmente, son pesadas piedras inertes que te dejan sin aliento. Reflexionemos antes de soltarlos al mundo cual paloma mensajera pues aportar, lo que se dice aportar… salvo peso muerto

Cerrando etapas·Opinión·Reflexiones

Y que a una coja, ni te cuento

Dicen que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, pero cuando es mentirosa el sujeto, la rapidez es abrumadora.

Un día escuche aquello de que las mujeres no es que matemos menos, es que matamos MEJOR. Y oye que parece que a las mujeres de mi entorno ese gen especial y maravilloso destinado al engaño y el complot debió de estropearse tiempo ha. O directamente nunca existir.

Que ya no se si el asunto es que yo me rodeo de gente tóxica muy torpe o qué narices pasa. El caso es que mi aburrimiento ya es sublime y yo, que tengo una tendencia innata a darlo todo o a no dar nada, pues estoy rozando tentadoramente la idea de mandar a todo el mundo a la mierda más cercana y quedarme más a gusto que después de una siesta de 3 horas.

Y olé 💃.