Cuarentena

Para brillar en el mundo: mascarilla

Cada vez me gustan menos los paseos durante el fin de semana. Siempre vuelvo a casa con una mezcla de sentimientos que van desde el desasosiego al cabreo, pasando por diferentes estados de tristeza. Los sábados es el día que nos cruzamos con más gente cuando salimos a pasear. Hace un par de meses era un gustazo encontrarse con amigos y vecinos; pararse a saludar a quien hiciera falta en este pueblecillo en el que vivimos. Pero ahora todo ha cambiado y hay unas nuevas normas de convivencia para mantenernos a todos sanos de las que resulta que gran parte de nuestros vecinos no cumplen un aspecto primordial: no llevan mascarilla. Y a los que sí las llevamos en la cara y no en el bolsillo, cubriéndonos la boca y no la barbilla, en ocasiones, nos miran raro. WhatsApp Image 2020-05-09 at 22.33.55

Y yo quiero pensar que es falta de información y no confianza en que nada malo te va a ocurrir, idiotismo y no pasotismo, desconocimiento de la realidad que tiene el mundo contraído y no falta de empatía. Espero, de corazón, que lo que les motiva a salir a pasear y pararse en cualquier lugar a hablar con la vecina de la calle de al lado, sin respetar la distancia de seguridad, sin cubrir su boca o nariz,  viene de una desinformación bestial y una falta de interés por el planeta en el que viven. Pero me queda la duda de que haya dos o tres, o cincuenta, que lo sepan y lo hagan. Y de ahí la tristeza que me invade en todas sus gamas y colores.

Así que, si me lees, te lo pido por favor: mascarilla.

Si no es por ti, hazlo por tu vecina, si no por ella por los sanitarios que se están dejando tanto en los hospitales, por todas esas familias que han visto su economía tambalear, resquebrajarse y no saben cuánto tardarán en recuperarla. Por aquellos que han vuelto a sus casas del trabajo contagiados, por los que han contagiado a sus familiares sin saberlo, por los que aún están haciendo duelo por sus seres queridos. Si no lo haces por ti hazlo por ellos, por el respeto que les debes, porque ellos están sufriendo o han sufrido. Y aunque te creas sano, hayas pasado el virus, o un test te haya dicho que eres el único ser humano del planeta inmune a esta mierda hazlo, por que nos debes ese respeto al resto. De esto saldremos juntos así que en ti está el sumar y no el restar, el aportar algo al mundo, este es tu momento: brilla poniendo esa mascarilla en tu cara.

 

Y citando a mi admirada Sol Aguirre (en este artículo que no tiene desperdicio) me despido: “ De nuestra incomodidad, del coñazo que supone respirar con una mascarilla puesta y de lavarnos las manos hasta la saciedad, depende la salud de muchos y la economía de todos. No hagamos el gilipollas.

Cuarentena·Reflexiones

Época de revelaciones

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Entre toda la saturación de mensajes a cerca del bicho este que nos tiene encerrados en casa, llegan otros que también nos petan un poco el teléfono y que tratan todos de lo mismo: la revelación de las revelaciones a cerca de cómo funciona el mundo.

Y yo leo todas aquellas obviedades: que si el personal sanitario es lo más indispensable,  el personal de limpieza evita que nos coma la mierda, la cajera o el reponedor del súper hacen que podamos comprar comida para llenar nuestras barriguitas, la policía mantiene el orden, el planeta se purifica si paramos la contaminación, el mundo sin comercio se detiene, los animales que viven encerrados se sienten encerrados, los años no hacen de suma en cuanto al respeto que recibes por la sociedad, pasar más de 4 horas diarias con tus hijos de forma activa es conocerlos de verdad… Y más, mucho más pero todo en esta línea. Y yo lo leo y me quedo con cara de pato sin entender muy bien si soy rarita, un cerebro privilegiado o una ingenua que debe admitir que el mundo sí está peor de lo que esperaba.

Y me gustaría tener una mejor reflexión que esto. Pero la verdad es que si no somos capaces de abrir los ojos a la vida sin que ésta nos golpee de una forma salvaje, si no somos capaces de apreciar las pequeñas cosas, de empatizar con el de el país de al lado o el vecino que está a kilómetros de nosotros por el simple hecho de ser persona, si infravaloramos al que trabaja para mejorar nuestra calidad de vida, damos el planeta por seguro arramplando con todo con los ojos cerrados… Y tan solo y únicamente cuando duele es cuando decidimos que tenemos que cambiar, que hay algo mal, que quizás si era verdad aquello de que hay que valorar la vida y lo que tenemos en ella. Entonces no vamos a cambiar cuando nuestras comodidades empiecen a volver. Porque si resulta que necesitamos una tragedia para darnos cuenta de qué va el mundo en el que vivimos, lo que realmente importa y lo que no es más que “pan y circo” pues estamos apañados. Y eso no hay pandemia que lo arregle.

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Viajando lejos

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Día a día nos llegan noticias de la gente que tenemos lejos.  La vida sin cambios nunca ha sido tan celebrada como ahora. Pero cuando las noticias no son tan buenas parece que el mundo te tambalea y el corazón se te resquebraja un poco.

Hoy las noticias han salido de la normalidad y he sentido un pequeño crujido en el pecho. La distancia se me hace eterna y a la vez inservible pues me vienen recuerdos de la infancia y me sonríen, cariñosos y yo tiemblo un poco y sonrío también, con nostalgia. Lo recuerdo todo, lo bueno y lo malo y qué más da… Cuando no sabes cuánto tiempo más te seguirá esperando la vida lo único posible es subirte a ella y abrazarlo todo con el mismo amor. Ya no existen los años para mí porque en mitad de todo esto  cada uno de mis recuerdos son de ayer.

Y entro un poco en pataleta y me da rabia no haber estado más ahí, no haberlo vivido todo un poco más. Yo no sé cómo me sentirán ellos, pero yo los tengo tan cerca… Qué pena la distancia y qué bueno que no sea olvido. Y se me va el amor viajando y los abrazos y los te quieros que son tan importantes y se dicen tan poco. Porque la vida es preciosa y nos empeñamos en embarrarla. Es precisamente bonita por la gente que la ocupa, que lo son todo. Pero no amamos lo suficiente “porque lo diferente… y lo que no nos encaja”.

Cómo de bonita sería la vida si dejásemos de encasillarlo todo y nos dedicásemos a quererla y a querernos simplemente por ser, por existir. Porque la palabra ser humano es mucho más que un credo, una ideología o una identidad. Todos estamos hechos de lo mismo y qué diferente sería todo si saliéramos de nuestro cuadrado y dejáramos que cada quien fuese todo lo diferente que quiere ser, mientras no le cause dolor a nadie. Si nuestros hijos fuesen educados desde el respeto a lo diferente, desde el amor y nos grabásemos a fuego que su diferencia no me daña, aunque vaya diametralmente en contra de lo que creemos o de lo que somos. Queremos que todos estén de acuerdo con nosotros y es imposible. Viva el estar en desacuerdo, pero queriéndose con este alma hermosa que tenemos. Hablemos, crezcamos juntos y huyamos solamente de los que no quieren querer bien, ni aprender a hacerlo.

 

 

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Paramos

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Constantemente nos quejamos del ritmo vertiginoso al que va la vida, especialmente aquí, en Israel, donde prácticamente no existen los fines de semana. Y viene la bicha esta y nos dice que paremos, que ahora no importa nada mas, solo estar a salvo. Nosotros y el resto.

Nos toca entonces poner el freno y dejar todo de lado: los planes, el trabajo, los paseos, el ejercicio, las compras, “la vida”. No nos queda de otra que tomar aire y mirar para adentro. Allí donde normalmente no nos gusta recrearnos demasiado.

En el día a día llenamos nuestro tiempo con actividades para no tener que pasar tiempo  con la base para la construcción de nuestros pensamientos. En definitiva: con nosotros mismos. Las redes sociales sacian nuestro aburrimiento con un nuevo Yo que se superpone al de siempre pero que lo llena todo manteniendo el tiempo entretenido mientras este pasa para no volver.

Y nos frenan, llega el COVID-19 y nos frena, nos dice que ahora toca parar y mirarse, mirarse bien, escucharse, creerse, vivirse y llorarse todo lo que no has tenido tiempo de llorarte, vivirte, creerte, escucharte y mirarte. Ha llegado el momento de hacer de la vida tu propio viaje con destino y no seguir a la deriva, sin rumbo fijo. Así que es este el momento perfecto para sacar papel y boli, vaciar la mente de todo el ruido y cavar hondo para encontrarse. Porque de lo contrario este tu hogar se va a convertir en una cárcel sin aderezos. No sabemos todavía cuánto de esto queda, por lo tanto cuidémonos, viajemos a lo más interno. Aprovechemos esta dosis de uno mismo que nos da la vida y disfrutémoslo, vivamos todo esto como una oportunidad porque de ese modo estaremos también más preparados para acompañar a los que vienen con nosotros en este viaje.

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Carta de despedida

Querido Tú:

Hoy te escribo esta carta para poder despedirme, en letras y a lo grande.

Sé que no te va a gustar si es que lo lees, pero lo necesito. Poner por escrito, de una forma tangible y en un lugar al que pueda seguir volviendo: que te tengo que sacar del rincón donde guardo los recuerdos felices.

Ha llegado el momento de dejar de recordarte en mi infancia como si fueras un super héroe, necesito dejar de lado tus recuerdos felices porque me atan. Me atan al hoy, al desprecio con el que me siento tratada y tan solo me ayudan a justificar los silencios y las exclusiones. Cuando sonrío con nuestros recuerdos tapo también las mentiras de no hace tantos días y las perdono. Por eso necesito poder olvidar, para que dejes de dolerme.

Dicen que “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio” y cuánta razón tienen. Porque sentir que no formo parte de tu vida; vivir la falta de interés por vernos. Sentirme siempre como ese compromiso por resolver en tu vida, ese lastre al que te toca volver. No quiero seguir sintiéndome así.

Y sé que para ti funciona, porque es tenerme en tu vida sin dar a cambio, a penas, unos minutos cada tanto y eso está bien porque significa que si me necesitas yo seguiré estando. Porque te he estado esperando. Pero entenderás que para mi eso es poco más que basura, no es lo que tendría que ser, pues no eres cualquiera.

He tratado de sacarte poco a poco, pero es como una especie de adicción de la que no puedo deshacerme mientras exista la posibilidad de volver, de volver a ser amigos, de volver a ser familia. Y constantemente me aferro a ello, a la posibilidad de no quedarme sola en este mundo de extraños, de poder seguir teniendo ese ancla al pasado y a la infancia, a lo que fui antes de venirme aquí. Pero eso no es más una realidad fuera de mi mente, fuera de mi corazón. Y por más que espere tan sólo vuelves el tiempo justo, con las gotas exactas de cariño para mantenerme ahí, esperando, siempre esperando a que tengas tiempo, a que tu agenda tenga un hueco inexistente para reconectar.

Sé que el problema es mío y es por eso que me despido, ésto que tenemos no me sirve, tan sólo me marea, me mantiene en tensión mendigante por un cariño que no está más. Y no me hace bien. Sé que debería de ser más realista y menos exigente, fluir con lo que la vida me viene dando en este presente que vivo. Pero aún no estoy preparada para ello, sigo anclada al pasado y necesito desintoxicarme de el.

Por eso me despido, porque este presente me desangra en un goteo constante y perpetuo. Me despido para limpiarme de ti, de los recuerdos y poder construir algo que se adapte a lo que puedes darme hoy y yo no soy capaz de recibir.

Con cariño, nos encontraremos pronto, espero.

 

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Dolores enterrados

Todos tenemos dolores enterrados, unos soportan mas estratos que otros. Recuerdos que no queremos rescatar, emociones que tratamos de no revivir y a las que no queremos enfrentarnos.

Esos dolores son a veces tan profundos, tantas las toneladas de tierra que los recubren, que el cofre en el que están encerrados es prácticamente inaccesible. Así continúa por años, sin ser del todo conscientes de lo que tenemos ahí guardado. Y así continuamos la vida, con ese lastre que tira de nosotros y no nos permite levantar del todo la cabeza.

Hasta que un día decides empezar a cavar, porque el tiempo… Ya se sabe. Y con el olvido el escudo de cristal que hemos ido creando. Pero es tan frágil el vidrio que aproximadamente cuando vas por la mitad se empieza a resquebrajar, y por ahí empieza a olerse el dolor, agrio y extenuante. Pero aguantas la respiración y sigues cavando, porque de verdad quieres llegar, no quieres seguir teniendo fantasmas, porque quieres caminar con la cabeza bien alta y mirar al pasado con una sonrisa de ternura y no con miedo.

Y sigues cavando, rompiendo del todo tu frágil escudo y te encuentras con el cofre y los recuerdos y el aire es tan denso que prácticamente no lo puedes respirar. Has llegado hasta ahí y lo abres. ¿Qué otra opción tienes, realmente? Pero nadie te prepara para enfrentarte a una dosis de pasado, por más valiente que hayas sido cuando empezaste a cavar. Y te das cuenta de por qué han pasado todos estos años, por qué cada vez añadías un poco más de tierra sobre ese dolor, intentando que nunca volviera a golpearte.

En este punto es cuando te preguntas quién te mandaría ponerte a cavar. Pero has roto las cadenas y no hay forma de volverlo a cerrar, y empiezas a sacar de tu dolor, lo abrazas y lo entiendes. Por fin lo entiendes. Han pasado 15 años pero por fin lo entiendes. Esa carta que nunca fue enviada, la llamada que nunca hiciste, las búsquedas, el vacío… Todo se alborota en tu cabeza y vienen las emociones reprimidas, los por qués, los recuerdos, los abrazos, las llamadas, el cariño que te fue negado, el miedo, la soledad, la culpa.

Todos tenemos dolores escondidos, enterrados en lo más profundo de nosotros mismos, unos pesan más, otros encarcelan menos. El mío ha sido un eterno lastre, una herida que apenas comienza a ser cicatriz. Aún tengo que levantarme y atreverme a perdonarme por aquello que nunca fue mi culpa, perdonarme por guardar silencio, por temer y por enterrar. Todavía me queda no sentir el miedo a verme desterrada, a dejar la puerta abierta para permitir que llegue quien quiera llegar y cuando se marche, si se marcha, que vuelva a dejarla como la encontró: entera, valiente y abierta.  

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Bienvenido sea lo cutre y lo feo.

El numero 27 no es que sea de mis favoritos, me parece un poco feo, casi cutre. Razón no hay, simplemente es así. Cumplirlos no soy capaz de explicar lo cutre que me parece, feo y sobre todo sumamente innecesario. Pero no me ha quedado de otra, y menos mal.

Los 26, al igual que el número me parecieron prometedores, frescos, y divertidos; tampoco lo puedo explicar, simplemente soy rara con esto de los dígitos. El caso es que los 26 no fueron para nada lo que estaba esperando de ellos, ni frescos, ni prometedores y por encima de todo no han sido para nada divertidos. Han sido una gran mierda, pero no una con sonrisa y ojitos como la de Whatsapp, no, una mierda  de perro sosa, grande y pestilente, de esas que no se recogen bien con una bolsita.

Las cosas no siempre son como esperamos, pero siempre nos dejan diferente una vez que han pasado. Para darle una definición más políticamente correcta a mis 26 diré que han sido intensos, intensamente intensos, de narices. MUCHO. Ha sido un año de desaprender, de borrar conceptos, de estamparme una y otra vez  con el “You Know Nothing, Shirel. Y darme cuenta de que de verdad no sé nada.

En este año he aprendido a dejar ir, pero de verdad, sin llenarme de cicatrices. A recibir mejor los golpes logrando que prácticamente no dejen señal. Entendiendo que no todos los que están suman y que a pesar del miedo, el dolor y las posibles marcas que nos tatúen hay que dejarlos marchar. He perdido amigos que llevaban tiempo siendo sólo un holograma dejando de soñar con que se repetirían los momentos que hace unos años me hicieron tan feliz. Les he abierto las puertas para que se vayan, despacio y entre miedos, para que esa energía pueda ir a aquellos que de verdad quieren estar.

También he aprendido a aceptar al otro. A base de golpes y vivencias he entendido que siempre hay un motivo, que ésta cabecita nuestra está plagada de dolores y recuerdos que no hemos sabido curar los cuales nos llevan muchas veces a no saber estar a la altura, a fallar y a hacer daño incluso sin querer. Nadie es menos por sentirse menos, aunque se comporte peor, y eso ha sido muy difícil de interiorizar.

Todo el año he estado sufriendo por algo que hasta hace un par de semanas no he empezado a hacer mío. Y es que en esta vida todo tiene su momento, a pesar de lo mucho que nos gustaría que aquellos a los que queremos se quieran quedar, lo único que podemos hacer es disfrutar el momento y aceptar cuando un cambio de rumbo nos lleve a diferentes puertos. La vida es demasiado corta y demasiado bonita como para quedarse al lado de los que no quieren estar y eso le quita sentido a alargar un duelo por alguien que se bajó hace tiempo del barco. Sobre todo cuando incluso los que están lejos son capaces de darte motivos para sonreír día si y día también.

Como remate final he aprendido a quedarme al lado de los que me quieren, y me saben querer. Porque no todos los que nos quieren mucho nos quieren bien.

Por todo esto me abrazo feliz a mis feos y cutres 27, por que sé que vienen más retos y quizás más dolores también. Pero ya no soy más la del año pasado, ya no vivo con el dolor a cuestas y sé que siempre, siempre, siempre hay alguien que vive deseando encontrarse con tu sonrisa.

bty
Felices cutre veintisiete